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Monseñor Carlos Amigo Vallejo
(Capítulo del libro “Al encuentro de la caridad” de José Alcázar Godoy)

Cuando no vemos la luz, Dios ilumina el camino. Esta luz es, para Isidoro Lezcano, D. Carlos Amigo, Arzobispo de Tánger.  Este joven franciscano tomó posesión del cargo el 17 de diciembre de 1973, con tan solo 39 años de edad.  En el acto de bienvenida de sus feligreses, Fray Carlos conoce a Isidorito Macías.  El joven porta en la solapa de su americana una cruz blanca.  D. Carlos le pregunta por el significado, e Isidorito abre su corazón, contándole gozosamente el bien que pretenden hacer y los sueños que albergan sus imaginaciones.  Pero mejor será que el Fundador le hable personalmente sobre nuestra Obra.  La cita está concertada, Isidoro Lezcano se encuentra con el Arzobispo de Tánger.

Decisiva será la acción de D. Carlos Amigo Vallejo en la ruta y el dinamismo del Instituto en el seno de la Iglesia Católica.  Monseñor Amigo, por franciscano, comprende con fina hondura la acción que Isidoro realiza con el excluido, y, merced a su clarividencia, abre las rutas jurídicas adecuadas para la Institución, pues su crecimiento requiere un traje a la medida.  "Vamos a crear un Pía Unión, propone D. Carlos; Isidoro responde: "Esto es lo que el Señor querrá."

La erección canónica de la Pía Unión de los "Hermanos  Franciscanos de Cruz Blanca acaece el 27 de marzo de 1975.  Adquiere así carta de identidad para trabajar en todo el mundo bajo la autoridad  de los Obispos donde los Hermanos desempeñen sus tareas.  "El hacernos franciscanos -comenta Isidoro Lezcano- fue por tomar las Reglas de la Tercera Orden de San Francisco, al que tomamos por Patrón junto con San Vicente de Paúl, pues el primero representaba la mística de la pobreza y el segundo la mística del pobre. Como advocación mariana se escogió la Encarnación, por ser a la que desde niño yo rezaba e imitaba.

Entre D. Carlos e Isidoro hubo siempre singular sintonía.  Ambos coincidían en el corazón de Francisco de Asís, y ambos lo proyectaban, cada uno desde sus responsabilidades específicas, hacia donde mejor pudieran expresar la misericordia del Señor.  Por esto, cualquier encuentro con D. Carlos para solventar el problema más difícil, hallaba fácil solución, desde el diálogo, el acuerdo y la bondad.  Si D. Carlos, por su trayectoria intelectual basaba el gobierno en el diálogo y enmarcaba con la comprensión las miserias, Isidoro poseía un corazón enorme donde los enfermos más repudiados podían encontrar una familia.  Isidoro hablaba con franqueza a D. Carlos; éste le respondía con bondad. Fue largo el primer encuentro entre ellos.  Isidoro abrió su intimidad, el Arzobispo estimularía sus esfuerzos, confortando asimismo los sufrimientos de su alma.  Desde aquel día, D. Carlos permanecerá como segura referencia para los Hermanos de Cruz Blanca; ellos le aportarán oraciones y la persona de un eficiente colaborador nacido en Francia, el Hermano Pablo Noguera Aledo, quien permanecerá a su lado como secretario personal.