1. Abro el corazón a Dios.
Puede servir la
repetición de alguna oración breve:
"Gracias Señor porque estás siempre a mi lado",
"Ayúdame
a sentir tu cercanía",
"Quiero estar contigo, Jesús".
2. Lectura del Evangelio. Escucho.
En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó
por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él.
Y les decía:
-«La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño
de la mies que mande obreros a su mies.
¡Poneos en camino! Mirad que os mando como corderos en medio de
lobos. No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias; y no os detengáis a saludar
a nadie por el camino.
Cuando entréis en una casa, decid primero: “Paz a esta casa.” Y,
si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a
vosotros.
Quedaos en la misma casa, comed y bebed de lo que tengan, porque
el obrero merece su salario.
No andéis cambiando de
casa. Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo que os pongan, curad
a los enfermos que haya, y decid: “Está cerca de vosotros el reino de Dios.”»
3.
Reflexiono y rezo. Respondo.
¿Qué me quieres decir,
Señor? ¿Cómo puedo hacer realidad este evangelio en mi vida? Pueden ayudar
estas ideas:
Celebramos la fiesta de los santos Timoteo Y Tito,
colaboradores de San Pablo y continuadores de su obra evangelizadora. Un día
sintieron la llamada de Jesús, que quería confiarles una misión. Puedo recordar
las llamadas que a lo largo de la vida he recibido y dar gracias por
ellas. Y preguntarme: ¿a qué me llamas ahora Señor?
Para Jesús el mundo no es un negocio que explotar, ni un espectáculo
que contemplar, ni un peligro que destruir. Para Jesús, el mundo es una mies,
un campo necesitado de trabajadores. ¿Cómo miro el mundo? ¿Cómo miro a las
personas?
"Transforma mi mirada egoísta, Señor"
"Gracias Señor por compadecerte de mis
miserias"
"Señor, enséñame a mirar como tú me
miras"
Pedid al dueño de la mies que envíe trabajadores a su mies. Pedid
a Dios que envíe laicos que transformen el mundo, sacerdotes que sirvan a las comunidades
cristianas, religiosos y religiosas que nos recuerden la absoluta grandeza de
Dios. Pedid y escuchad la llamada de Dios. Escuchad y llamad a otras personas.
4. Termino la oración
Doy gracias a Dios por su compañía, por sus
enseñanzas, por su fuerza...
Le pido que me ayude a vivir de acuerdo con el Evangelio
Me despido rezando el Padre Nuestro u otra oración espontánea o ya hecha.