1. Abro el corazón a Dios.
Puede servir la
repetición de alguna oración breve:
"Gracias Señor porque estás siempre a mi lado",
"Ayúdame
a sentir tu cercanía",
"Quiero estar contigo, Jesús".
2. Lectura del Evangelio. Escucho.
En aquel tiempo, entró Jesús otra vez en la sinagoga y había allí
un hombre con parálisis en un brazo.
Estaban al acecho, para ver si curaba en sábado y acusarlo.
Jesús le dijo al que tenía la parálisis: Levántate y ponte ahí en
medio.
Y a ellos les preguntó: ¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer lo
bueno o lo malo?, ¿salvarle la vida a un hombre o dejarlo morir? Se quedaron
callados.
Echando en torno una mirada de ira y dolido de su obstinación, le
dijo al hombre: Extiende el brazo.
Lo extendió y quedó restablecido.
En cuanto salieron de la sinagoga, los fariseos se pusieron a
planear con los herodianos el modo de acabar con él.
3.
Reflexiono y rezo. Respondo.
¿Qué me quieres decir,
Señor? ¿Cómo puedo hacer realidad este evangelio en mi vida? Pueden ayudar
estas ideas:
No les importaba si Jesús hacía el bien o el mal. No se
maravillaban ante el milagro de la curación. Están ciegos, tienen el
corazón más paralizado que el brazo del hombre enfermo.
"Jesús perdona y cura nuestras
cerrazones"
"No nos dejes ser retorcidos. Haznos
abiertos a la verdad".
Jesús quedó dolido por la obstinación. Jesús pudo curar la parálisis
del brazo, pero no pudo curar la dureza de corazón de los que buscaban
acusarle. Para que Jesús nos pueda curar, necesita nuestra fe.
"Señor, ayúdanos a descubrir nuestras
obstinaciones"
"Señor, haznos pacientes, como tú, con los
obstinados"
Jesús cura la parálisis del brazo de aquel hombre. Y quiere curar
las tuyas. ¿Qué parálisis reconozco en mí?. Se las
cuento al Señor. Pido la curación. Doy gracias por las curaciones ya recibidas.
4. Termino la oración
Doy gracias a Dios por su compañía, por sus
enseñanzas, por su fuerza...
Le pido que me ayude a vivir de acuerdo con el Evangelio
Me despido rezando el Padre Nuestro u otra oración espontánea o ya hecha.