1. Abro el corazón a Dios.
Puede servir la
repetición de alguna oración breve:
"Gracias Señor porque estás siempre a mi lado",
"Ayúdame
a sentir tu cercanía",
"Quiero estar contigo, Jesús".
2. Lectura del Evangelio. Escucho.
San
Marcos 1, 14‑20
Cuando
arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios.
Decía:
—«Se ha
cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el
Evangelio.»
Pasando
junto al lago de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que eran
pescadores y estaban echando el copo en el lago.
Jesús les
dijo:
—«Venid
conmigo y os haré pescadores de hombres.»
Inmediatamente
dejaron las redes y lo siguieron.
Un poco
más adelante vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a
su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las
redes.
Los
llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los
jornaleros y se marcharon con él.
3.
Reflexiono y rezo. Respondo.
¿Qué me quieres decir,
Señor? ¿Cómo puedo hacer realidad este evangelio en mi vida? Pueden ayudar
estas ideas:
A.
"Convertíos...". La conversión es una tarea permanente, continua. Nos
apoltronamos con mucha facilidad en todos los ámbitos: personal, familiar,
intelectual, espiritual, social... En este momento ¿en qué aspectos me tendría
que fijar? ¿en que me pide Dios un cambio de actitud?
B.
"... porque está cerca el Reino de cielos". No nos convertimos por miedo
al castigo o a la venganza de Dios. Nos convertimos porque está cerca, porque
nos ama, porque su ternura nos conmueve, porque su ejemplo nos arrastra...
"Ayúdame a sentir tu misericordia"
C. En medio de nuestras ocupaciones cotidianas Jesús nos dice
«sígueme». Los primeros discípulos responden generosamente y dejan las redes.
Él mira hoy amorosamente nuestras vidas y nos llama. Él espera tu respuesta.
Dios da una vocación a cada persona. La vocación es cómo Dios quiere hacerte feliz. Hay que responder para ser feliz.
4. Termino la oración
Doy gracias a Dios por su compañía, por sus
enseñanzas, por su fuerza...
Le pido que me ayude a vivir de acuerdo con el Evangelio
Me despido rezando el Padre Nuestro u otra oración espontánea o ya hecha.