REZAR CON EL EVANGELIO

Miércoles de la 4ª semana del t.o.

 

1. Abro el corazón a Dios.

Puede servir la repetición de alguna oración breve:

    "Gracias Señor porque estás siempre a mi lado",

    "Ayúdame a sentir tu cercanía",

    "Quiero estar contigo, Jesús".

 

2. Lectura del Evangelio. Escucho.

San Marcos 6, 1-6

 

En aquel tiempo, fue Jesús a su tierra en compañía de sus discípulos.

Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada: ¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es ésa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón ? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí ? Y desconfiaban de él.

Jesús les decía: No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa.

No pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos.

Y se extrañó de su falta de fe.

Y recorría los pueblos de alrededor enseñando.

 

3. Reflexiono y rezo. Respondo.

¿Qué me quieres decir, Señor? ¿Cómo puedo hacer realidad este evangelio en mi vida? Pueden ayudar estas ideas:

 

Fue en su propio pueblo donde Jesús encontró mayor incomprensión. Donde más le conocían. Posiblemente, también nosotros llevamos ya mucho conociendo a Jesús, (bautizados desde pequeños y con muchas misas oídas): ¿No habremos también nosotros perdido la confianza en el Señor?

 

"Si conocieras el don de Dios", le dirá un día a la Samaritana. Dios mío, permíteme descubrir la novedad de tu persona, de tu Palabra. !Cómo podría cambiar mi vida si descubriera su verdadero rostro!

 

Y no puedo hacer allí milagros. Lógico. Dios necesita nuestro consentimiento para sacar adelante su relación de amistad con nosotros. Es la bendita y terrible libertad humana. !Podemos negarnos a Dios! !Ayúdanos a encontrarte, Señor! 

 

4. Termino la oración

   Doy gracias a Dios por su compañía, por sus enseñanzas, por su fuerza...

    Le pido que me ayude a vivir de acuerdo con el Evangelio

    Me despido rezando el Padre Nuestro u otra oración espontánea o ya hecha.