REZAR CON EL EVANGELIO

Domingo de la 5ª semana del t.o. B

 

1. Abro el corazón a Dios.

Puede servir la repetición de alguna oración breve:

    "Gracias Señor porque estás siempre a mi lado",

    "Ayúdame a sentir tu cercanía",

    "Quiero estar contigo, Jesús".

 

2. Lectura del Evangelio. Escucho.

San Marcos 1, 29-39

 

En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés.

La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron.

Jesús se acercó, la cogió de la mano y la levantó.

Se le pasó la fiebre y se puso a servirles.

Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y poseídos.

La población entera se agolpaba a la puerta.

Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar.

Se levantó de madrugada, se marchó al descampado y allí se puso a orar.

Simón y sus compañeros fueron y, al encontrarlo, le dijeron: Todo el mundo te busca.

El les respondió: Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he venido.

Así recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando los demonios.

 

3. Reflexiono y rezo. Respondo.

¿Qué me quieres decir, Señor? ¿Cómo puedo hacer realidad este evangelio en mi vida? Pueden ayudar estas ideas:

 

Curar, rezar y predicar... Son los tres verbos que mejor resumen la vida de Jesús. Y en nuestro tiempo de cada día ¿hay espacios para ayudar a los demás, para orar al Padre, para  anunciar el Evangelio? ¿Qué te dice Dios? ¿Qué le dices?

 

El Evangelio habla de demonios. ¿Cuáles son los demonios que afligen a las personas de hoy, a la sociedad de hoy? ¿Qué hacemos, que hacen nuestras comunidades cristianas para acabar con ellos?

 

“Vamos a otra parte... que para eso he venido”. Jesús no se detiene. Ni los éxitos ni los fracasos lo desvían de la misión recibida por el Padre. Pedimos a Dios que nos conceda fidelidad a la misión recibida.

 

4. Termino la oración

   Doy gracias a Dios por su compañía, por sus enseñanzas, por su fuerza...

    Le pido que me ayude a vivir de acuerdo con el Evangelio

    Me despido rezando el Padre Nuestro u otra oración espontánea o ya hecha.