REZAR CON EL EVANGELIO

Miércoles de la 6ª semana del t.o.

 

1. Abro el corazón a Dios.

Puede servir la repetición de alguna oración breve:

    "Gracias Señor porque estás siempre a mi lado",

    "Ayúdame a sentir tu cercanía",

    "Quiero estar contigo, Jesús".

 

2. Lectura del Evangelio. Escucho.

San Marcos 8, 22-26

 

En aquel tiempo, Jesús y los discípulos llegaron a Betsaida.

Le trajeron un ciego pidiéndole que lo tocase.

El lo sacó de la aldea, llevándolo de la mano, le untó saliva en los ojos, le impuso las manos y le preguntó: ¿Ves algo? Empezó a distinguir y dijo: Veo hombres, me parecen árboles, pero andan.

Le puso otra vez las manos en los ojos; el hombre miró: estaba curado, y veía todo con claridad.

Jesús lo mandó a casa diciéndole: No se lo digas a nadie en el pueblo.

 

3. Reflexiono y rezo. Respondo.

¿Qué me quieres decir, Señor? ¿Cómo puedo hacer realidad este evangelio en mi vida? Pueden ayudar estas ideas:

 

Si hace unos días nos poníamos la bata de oftalmólogo, hoy nos vamos a poner la del oftalmólogo-oculista. Nos preguntamos ¿Cómo andamos de vista? ¿Nuestra mirada es como la de Jesús?

 

Cuando miro a las personas ¿veo árboles que andan o hermanos a los que debemos amar?

Cuando me imagino a Dios ¿veo a un Poder que nos agobia, un Policía que nos vigila, o un Padre que nos acoge?

Cuando vivo situaciones difíciles ¿veo solamente una cruz de la que escapar o posibilidades para crecer?

Cuando me miro ¿me doy cuenta sólo de mis fallos, me fijo exclusivamente en mis virtudes, o descubro equilibradamente mis posibilidades y carencias?

Cuando miro ¿me dejo impresionar por los detalles pequeños de la vida? ¿miro por simple curiosidad, por interés o por amor?

    "Señor, toca mis ojos y cura mi mirada"

    "Que sepa mirar como tú, Señor"

    "Perdona mi mirada estrecha y egoísta"

 

Y ahora se trata de asumir un reto: acercar al Señor a los ciegos que conozcamos, para que puedan volver a ver. ¿Qué le dices a Jesús?

 

4. Termino la oración

   Doy gracias a Dios por su compañía, por sus enseñanzas, por su fuerza...

    Le pido que me ayude a vivir de acuerdo con el Evangelio.

    Me despido rezando el Padre Nuestro u otra oración.