1. Abro el corazón a Dios.
Puede servir la
repetición de alguna oración breve:
"Gracias Señor porque estás siempre a mi lado",
"Ayúdame
a sentir tu cercanía",
"Quiero estar contigo, Jesús".
2. Lectura del Evangelio. Escucho.
En aquel tiempo, Jesús y los discípulos llegaron a Betsaida.
Le trajeron un ciego pidiéndole que lo tocase.
El lo sacó de la aldea, llevándolo de la mano, le untó saliva en
los ojos, le impuso las manos y le preguntó: ¿Ves algo? Empezó a distinguir y
dijo: Veo hombres, me parecen árboles, pero andan.
Le puso otra vez las manos en los ojos; el hombre miró: estaba
curado, y veía todo con claridad.
Jesús lo mandó a casa diciéndole: No se lo digas a nadie en el
pueblo.
3.
Reflexiono y rezo. Respondo.
¿Qué me quieres decir,
Señor? ¿Cómo puedo hacer realidad este evangelio en mi vida? Pueden ayudar
estas ideas:
Si hace unos días nos poníamos la bata de oftalmólogo, hoy nos
vamos a poner la del oftalmólogo-oculista. Nos preguntamos ¿Cómo andamos de
vista? ¿Nuestra mirada es como la de Jesús?
Cuando miro a las personas ¿veo árboles que andan o hermanos a los
que debemos amar?
Cuando me imagino a Dios ¿veo a un Poder que nos
agobia, un Policía que nos vigila, o un Padre que nos acoge?
Cuando vivo situaciones difíciles ¿veo solamente una cruz de la
que escapar o posibilidades para crecer?
Cuando me miro ¿me doy cuenta sólo de mis fallos, me fijo
exclusivamente en mis virtudes, o descubro equilibradamente mis posibilidades y
carencias?
Cuando miro ¿me dejo impresionar por los detalles pequeños de
la vida? ¿miro por simple curiosidad, por interés o
por amor?
"Señor, toca mis ojos y cura mi
mirada"
"Que sepa mirar como tú, Señor"
"Perdona mi mirada estrecha y
egoísta"
Y ahora se trata de asumir un reto: acercar al Señor a los
ciegos que conozcamos, para que puedan volver a ver. ¿Qué le dices a Jesús?
4. Termino la oración
Doy gracias a Dios por su compañía, por sus enseñanzas, por
su fuerza...
Le pido que me ayude a vivir de acuerdo con el Evangelio.
Me despido rezando el Padre Nuestro u otra oración.