1. Abro el corazón a Dios.
Puede servir la
repetición de alguna oración breve:
"Gracias Señor porque estás siempre a mi lado",
"Ayúdame
a sentir tu cercanía",
"Quiero estar contigo, Jesús".
2. Lectura del Evangelio. Escucho.
En aquel tiempo, Jesús y los discípulos volvieron a
Jerusalén, y, mientras paseaba por el templo, se le acercaron los sumos
sacerdotes, los letrados y los senadores, y le preguntaron: ¿Con qué autoridad
haces esto ? ¿Quién te ha dado semejante autoridad?
Jesús les replicó: Os voy a hacer una pregunta y, si me contestáis, os diré con
qué autoridad hago esto.
El bautismo de Juan ¿era cosa de Dios o de los hombres?
Contestadme.
Se pusieron a deliberar: Si decimos que es de Dios, dirá: «¿Y por qué no le habéis creído? » Pero como digamos que es
de los hombres.
(Temían a la gente, porque todo el mundo estaba convencido
de que Juan era un profeta) Y respondieron a Jesús: No sabemos.
Jesús les replicó: Pues tampoco yo os digo con qué
autoridad hago esto.
3.
Reflexiono y rezo. Respondo.
¿Qué me quieres decir,
Señor? ¿Cómo puedo hacer realidad este evangelio en mi vida?
Ante la pregunta de los sacerdotes y
ancianos, Jesús responde con otra pregunta. Si leemos con atención el
Evangelio, nos daremos cuenta de que a veces Jesús no responde las preguntas
que le hacen. Normalmente Jesús no responde a las personas que no preguntar
para saber, sino para atacar, para reírse. Sin embargo, Jesús siempre responde
a los que preguntan con buena intención.
"Dame Señor
sabiduría para responder y para callar"
"Perdona y
cura mi mala intención cuando hablo"
Los sumos sacerdotes y los ancianos no están
abiertos a la verdad de Jesús. No estaban abiertos a Dios. Creían que Dios
estaba con ellos y bendecía todas sus acciones. A veces nosotros tampoco
estamos abiertos. Contínuamente podemos encerrarnos
en nuestras ideas, en nuestros errores. Es necesario estar siempre abiertos
para que el Señor nos conduzca cada día a una verdad más plena, a una vida más
auténtica, a una fe más purificada.
"No permitas
Señor que nuestra vida se estanque"
"Ábrenos
Señor el corazón a tu Palabra"
"Guía Jesús nuestros pasos"
4. Termino la oración
Doy gracias a Dios por su compañía, por sus enseñanzas, por
su fuerza...
Le pido que me ayude a vivir de acuerdo con el Evangelio.
Me despido rezando el Padre Nuestro u otra oración.