1. Abro el corazón a Dios.
Puede servir la
repetición de alguna oración breve:
"Gracias Señor porque estás siempre a mi lado",
"Ayúdame
a sentir tu cercanía",
"Quiero estar contigo, Jesús".
2. Lectura del Evangelio. Escucho.
Después que la muchedumbre lo hubo aclamado, entró Jesús en
Jerusalén, en el templo, lo estuvo observando todo, y, como era ya tarde, se
marchó a Betania con los Doce.
Al día siguiente, cuando salió de Betania,
sintió hambre.
Vio de lejos una higuera con hojas, y se acercó para ver si
encontraba algo; al llegar no encontró más que hojas, porque no era tiempo de
higos.
Entonces le dijo: Nunca jamás coma nadie de ti.
Los discípulos lo oyeron.
Llegaron a Jerusalén, entró en el templo, se puso a echar a
los que traficaban allí, volcando las mesas de los cambistas y los puestos de
los que vendían palomas.
Y no consentía a nadie transportar objetos por el templo.
Y los instruía diciendo: ¿No está escrito: Mi casa se llama
Casa de Oración para todos los pueblos? Vosotros en cambio la habéis convertido
en cueva de bandidos.
Se enteraron los sumos sacerdotes y los letrados, y como le
tenían miedo, porque todo el mundo estaba asombrado de su enseñanza, buscaban
una manera de acabar con él.
Cuando atardeció, salieron de la ciudad.
A la mañana siguiente, al pasar, vieron la higuera seca de
raíz.
Pedro cayó en la cuenta y dijo a Jesús: Maestro, mira, la
higuera que maldijiste se ha secado.
Jesús contestó: Tened fe en Dios.
Os aseguro que si uno dice a este monte: «Quítate de ahí y
tírate al mar» , no con dudas, sino con fe en que
sucederá lo que dice, lo obtendrá.
Por eso os digo: Cualquier cosa que pidáis en la oración,
creed que os la han concedido, y la obtendréis.
Y cuando os pongáis a orar, perdonad lo que tengáis contra
otros, para que también vuestro Padre del cielo os perdone vuestras culpas.
3.
Reflexiono y rezo. Respondo.
¿Qué me quieres decir, Señor?
¿Cómo puedo hacer realidad este evangelio en mi vida?
“Mi casa se llama Casa de oración”.
Nosotros no tenemos en nuestras iglesias palomas, bueyes y cambistas y
traficantes. Pero a veces nuestra oración tiene más de acuerdo comercial que de
trato amoroso. Confiamos poco en Dios. Le ofrecemos para que nos dé, en vez de
para mostrarlo nuestra gratitud por lo que nos ha dado. ¿Cómo es tu oración?
¿Qué te dice Dios? ¿Qué le dices?
“Tened fe en Dios”. ¿Rezamos con fe? Dios nos concede siempre lo que pedimos, si nos conviene. Si no nos concede lo que hemos pedido, preparémonos para recibir algo mejor, algo que nos hará más humanos, más cristianos. En todo caso cada vez que rezamos, Dios nos regala la fuerza de su Espíritu. ¿Qué te dice Dios? ¿Qué le dices?
4. Termino la oración
Doy gracias a Dios por su compañía, por sus enseñanzas, por
su fuerza...
Le pido que me ayude a vivir de acuerdo con el Evangelio.
Me despido rezando el Padre Nuestro u otra oración.