1. Abro el corazón a Dios.
Puede servir la
repetición de alguna oración breve:
"Gracias Señor porque estás siempre a mi lado",
"Ayúdame
a sentir tu cercanía",
"Quiero estar contigo, Jesús".
2. Lectura del Evangelio. Escucho.
En aquel
tiempo, se acercaron a Jesús saduceos, de los que dicen que no hay
resurrección, y le preguntaron: Maestro, Moisés nos dejó escrito: «Si a uno se
le muere su hermano, dejando mujer pero no hijos, cásese con la viuda y dé
descendencia a su hermano» Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó
y murió sin hijos; el segundo se casó con la viuda y murió también sin hijos;
lo mismo el tercero; y ninguno de los siete dejó hijos. Por último murió la
mujer.
Cuando
llegue la resurrección y vuelvan a la vida, ¿de cuál de ellos será mujer?
Porque los siete han estado casados con el1a.
Jesús les
respondió: Estáis equivocados, porque no entendéis la Escritura ni el poder de
Dios.
Cuando
resuciten, ni los hombres ni las mujeres se casarán; serán como ángeles del
cielo.
Y a
propósito de que los muertos resucitan, ¿no habéis leído en el libro de Moisés,
en el episodio de la zarza, lo que le dijo Dios: «Yo soy el Dios de Abrahán, el
Dios de Isaac, el Dios de Jacob» ? No es Dios de
muertos, sino de vivos.
Estáis muy equivocados.
3.
Reflexiono y rezo. Respondo.
¿Qué me quieres decir,
Señor? ¿Cómo puedo hacer realidad este evangelio en mi vida?
Cuando
no estamos abiertos a la verdad, cuando queremos defender nuestras ideas a toda
costa, cuando queremos ridiculizar las posiciones de los otros, somos capaces
de utilizar los argumentos más absurdos, como los saduceos.
“Señor, enséñanos a estar siempre
abiertos a la verdad”
“Perdona y cura, Señor, nuestras
cabezonerías”
“Enséñanos a respetar a todos, a
aprender de todos”
Es
Dios de vivos, no de muertos. Es el Dios de la vida, el Dios que da la vida a todo
ser, el Dios que da su vida para que todos disfruten la vida eterna...
Y
nosotros, hijos del Dios de la vida, estamos llamados a ser defensores y
promotores de la vida, de las vidas más amenazadas, de la vida de los pobres,
niños (hayan nacido o no), enfermos, ancianos...
“Señor, gracias por el don de la
vida”
“Gracias por darnos tu vida”
“Haznos defensores valientes de la
vida”
“Perdónanos los pecados contra la
vida, contra nuestra vida”
Es
Dios de las personas, el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob...
Es el Dios de tu pueblo, de tu familia... Es tu Dios. El Dios personal que
establece relación con las personas, que acompaña, ama, seduce, anima, guía,
perdona, salva, se comunica,... No es el relojero que un día echó a andar la maquinaria
del mundo para olvidarse de él.
“Gracias Señor por caminar a nuestro
lado”
“Gracias Por ser nuestro Dios,
nuestro Padre, nuestro Amigo,
nuestro Salvador,
nuestro Guía.
“Ayúdanos a cuidar las relaciones
con las personas”
4. Termino la oración
Doy gracias a Dios por su compañía, por sus enseñanzas, por
su fuerza...
Le pido que me ayude a vivir de acuerdo con el Evangelio.
Me despido rezando el Padre Nuestro u otra oración.