1. Abro el corazón a Dios.
Puede servir la
repetición de alguna oración breve:
"Gracias Señor porque estás siempre a mi lado",
"Ayúdame
a sentir tu cercanía",
"Quiero estar contigo, Jesús".
2. Lectura del Evangelio. Escucho.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Nadie puede
estar al servicio de dos amos.
Porque despreciará a uno y querrá al otro; o, al contrario,
se dedicará al primero y no hará caso del segundo.
No podéis servir a Dios y al dinero.
Por eso os digo: no estéis agobiados por la vida pensando
qué vais a comer, ni por el cuerpo pensando con qué os vais a vestir.
¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo que el
vestido? Mirad a los pájaros: ni siembran, ni siegan, ni almacenan y, sin embargo, vuestro Padre celestial los alimenta.
¿No valéis vosotros más que ellos? ¿Quién de vosotros, a
fuerza de agobiarse, podrá añadir una hora al tiempo de su vida? ¿Por qué os
agobiáis por el vestido? Fijaos cómo crecen los lirios del campo: ni trabajan
ni hilan.
Y os digo que ni Salomón, en todo su fasto, estaba vestido
como uno de ellos.
Pues si a la hierba, que hoy está en el campo y mañana se
quema en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por vosotros, gente de
poca fe? No andéis agobiados pensando qué vais a comer, o qué vais a beber, o
con qué os vais a vestir.
Los paganos se afanan por esas cosas.
Ya sabe vuestro Padre del cielo que tenéis necesidad de
todo eso.
Sobre todo buscad el Reino de Dios y su justicia; lo demás
se os dará por añadidura.
Por tanto, no os agobiéis por el mañana, porque el mañana
traerá su propio agobio.
A cada día le bastan sus disgustos.
3.
Reflexiono y rezo. Respondo.
¿Qué me quieres decir,
Señor? ¿Cómo puedo hacer realidad este evangelio en mi vida?
No podéis servir a
dos amos. ¿En quién ponemos nuestra confianza, en
Dios o en el dinero y en las cosas que podemos comprar con dinero? ¿A quién o a
qué dedicamos nuestra vida, nuestro tiempo? Necesitamos el dinero para
vivir, pero sería absurdo vivir para tener dinero.
"Perdona Señor mi apego desmedido al dinero"
"Ayúdame a amarte a ti sobre todas
las cosas".
Trata de responder a las preguntas que hace
Jesús en el Evangelio.
Si tuviéramos más fe, si confiáramos más en
Dios, no estaríamos tan apegados al dinero, a las cosas... Podemos rezar con
esta reflexión del P. Teilhard de Chardin
No
te inquietes por las dificultades de la vida,
por
sus altibajos, por sus decepciones.
por
su porvenir más o menos sombrío.
Quiere
lo que Dios quiere.
Ofrécele
en medio de inquietudes y dificultades
el
sacrificio de tu alma sencilla que, pese a todo,
acepta
los designios de su providencia.
Poco
importa que te consideres un frustrado
si
Dios te considera plenamente realizado;
a
su gusto.
Piérdete
confiado ciegamente en ese Dios
que
te quiere para sí.
Y
que llegará hasta ti, aunque jamás le veas.
Piensa
que estás en sus manos,
tanto
más fuerte cogido,
cuanto
más decaído y triste te encuentres.
Vive
feliz. Te lo suplico.
Vive
en paz.
Que
nada te altere.
Que
nada sea capaz de quitarte tu paz.
Ni
la fatiga psíquica. Ni tus fallos morales.
Haz
que brote, y conserva siempre sobre tu rostro
una
dulce sonrisa, reflejo de la que el Señor continuamente te dirige.
Y
en el fondo de tu alma coloca, antes que nada,
como
fuente de energía y criterio de verdad,
todo
aquello que te llene de la paz de Dios.
Recuerda:
cuanto te reprima e inquiete es falso.
Te
lo aseguro en nombre de las leyes de la vida
y
de las promesas de Dios.
Por
eso, cuando te sientas apesadumbrado, triste,
adora
y confía...
4.
Termino la oración
Doy gracias a Dios por su compañía, por sus enseñanzas, por
su fuerza...
Le pido que me ayude a vivir de acuerdo con el Evangelio.
Me despido rezando el Padre Nuestro u otra oración.