Miércoles
de la 12ª semana del t.o.
1. Abro el corazón a Dios.
Puede servir la
repetición de alguna oración breve:
"Gracias Señor porque estás siempre a mi lado",
"Ayúdame
a sentir tu cercanía",
"Quiero estar contigo, Jesús".
2. Lectura del Evangelio. Escucho.
San Mateo 7, 15-20
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Cuidado con los profetas
falsos; se acercan con piel de oveja, pero por dentro son lobos rapaces.
Por sus frutos los conoceréis.
A ver, ¿acaso se cosechan uvas de las zarzas o higos de los cardos ? Los árboles sanos dan frutos buenos; los árboles
dañados dan frutos malos.
Un árbol sano no puede dar frutos malos, ni un árbol dañado dar frutos
buenos.
El árbol que no da fruto bueno se tala y se echa al fuego.
Es decir, que por sus frutos los conoceréis.
3.
Reflexiono y rezo. Respondo.
¿Qué me quieres decir,
Señor? ¿Cómo puedo hacer realidad este evangelio en mi vida?
Jesús
no se deja llevar por las apariencias. Y quiere que sigamos sus huellas. En
todos los momentos de la historia han habido personas
que han sido lobos rapaces con piel de oveja mansa. Mucho más en nuestra
sociedad en la que la publicidad y el marketing se han desarrollado tanto.
Detrás de formas amables pueden esconderse buenos manipuladores y bajo formas
bruscas pueden presentarse personas sinceras y bienintencionadas. Hemos de
tener cuidado. No podemos ser ingenuos.
“Señor, no dejes que nos dejemos
llevar por las apariencias”
“Danos tu Espíritu para descubrir la
verdad de cada persona”
“Perdona y cura nuestra
superficialidad”
Además
de advertirnos, Jesús nos ofrece un criterio para distinguir a los falsos profetas,
a los lobos con piel de oveja: los frutos, las obras... Las palabras pueden ser
engañosas. Fijémonos en la vida: ¿son capaces de sufrir por los demás? ¿son fieles a las personas cuando pierden la salud o el
dinero? ¿cambian de discurso según las circunstancias,
para conseguir mayores beneficios personales? ¿se
acercan a los pobres, los tratan con respeto?
No
nos conformemos con mirar los frutos y la vida de los demás. Examinemos también
nuestra vida, no sea que también seamos lobos con piel de oveja.
¿Qué
te dice Dios? ¿Qué le dices?
4.
Termino la oración
Doy gracias a Dios por su compañía, por sus enseñanzas, por
su fuerza...
Le pido que me ayude a vivir de acuerdo con el Evangelio.
Me despido rezando el Padre Nuestro u otra oración.