Domingo de
la 15ª semana del t.o. C
1. Abro el corazón a Dios.
Puede servir la
repetición de alguna oración breve:
"Gracias Señor porque estás siempre a mi lado",
"Ayúdame
a sentir tu cercanía",
"Quiero estar contigo, Jesús".
2. Lectura del Evangelio. Escucho.
Lucas 10, 25-37
En aquel
tiempo, se presentó un maestro de la Ley y le preguntó a Jesús para ponerlo a
prueba: "Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?"
Él le
dijo: "¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?"
Él
contestó: "Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu
alma y con todas tus fuerzas y con todo tu ser. Y al prójimo como a ti
mismo."
Él le
dijo: "Bien dicho. Haz esto y tendrás la vida."
Pero el
maestro de la Ley, queriendo justificarse, preguntó a Jesús: "¿Y quién es
mi prójimo?"
Jesús
dijo: "Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos
bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo
medio muerto. Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino y, al verlo,
dio un rodeo y pasó de largo. Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel
sitio: al verlo dio un rodeo y pasó de largo.
Pero un
samaritano que iba de viaje, llegó a donde estaba él, y, al verlo, le dio
lástima, se le acercó, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino, y,
montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó. Al día
siguiente, sacó dos denarios y, dándoselos al posadero, le dijo: "Cuida de
él, y lo que gastes de más yo te lo pagaré a la vuelta." ¿Cuál de estos
tres te parece que se portó como prójimo del que cayó en manos de los
bandidos?"
Él
contestó: "El que practicó la misericordia con él."
Díjole Jesús: "Anda, haz tú lo
mismo."
3.
Reflexiono y rezo. Respondo.
¿Qué me quieres decir,
Señor? ¿Cómo puedo hacer realidad este evangelio en mi vida?
Para rezar con este evangelio, proponemos que vayas contemplando cada uno de los personajes y te identifiques con cada uno de ellos:
1. Bandidos. Es duro sentirse bandido, pero lo cierto es que a veces con lo que decimos o callamos, con lo que hacemos u omitimos, dejamos a la gente herida. Pedimos perdón.
2.
Levita y sacerdote. Nos damos cuenta de la situación del que está tirado, pero
nunca es buen momento para ayudarle. Tenemos prisa, miedo... Pedimos perdón y
fuerza para convertirnos.
3.
Samaritano. Sin embargo, tenemos que reconocer que en ocasiones somos capaces
de cambiar nuestro plan y ofrecer al hermano tiempo, cariño, dinero... Damos
gracias a Dios. Él nos ha dado todo lo que tenemos y la generosidad necesaria
para compartirlo.
4.
Malherido. A veces también nos sentimos así: en la cuneta, olvidados, solos,
heridos... Se nos rompe el corazón cuando los demás pasan de largo. Y nos
alegramos cuando se aproxima un samaritano. En cada samaritano, Jesús mismo se
acerca para cuidarnos, para curarnos. Damos gracias a Dios por todos los
samaritanos que Dios ha puesto en nuestro camino.
4. Termino la oración
Doy gracias a Dios por su compañía, por sus
enseñanzas, por su fuerza...
Le pido que me ayude a vivir de acuerdo con el Evangelio
Me despido rezando el Padre Nuestro u otra oración espontánea o ya hecha..