1. Abro el corazón a Dios.
Puede servir la
repetición de alguna oración breve:
"Gracias Señor porque estás siempre a mi lado",
"Ayúdame
a sentir tu cercanía",
"Quiero estar contigo, Jesús".
2. Lectura del Evangelio. Escucho.
En aquel
tiempo se acercaron a Jesús unos fariseos y le preguntaron para ponerlo a
prueba: "¿Es lícito a uno despedir a su mujer por cualquier motivo?"
El les respondió: "¿No habéis leído que el Creador en el principio los
creó hombre y mujer, y dijo: "Por eso abandonará el hombre a su padre y a
su madre, y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne? De modo que ya
no son dos, sino una sola carne. Pues lo que Dios ha unido, que no lo separe el
hombre"". Ellos insistieron: "¿Y por qué mandó Moisés darle acta
de repudio y divorciarse?" El les contestó: "Por lo tercos que sois
os permitió Moisés divorciaros de vuestras mujeres; pero al principio
no era así. Ahora os digo yo que si uno se divorcia de su mujer -no hablo de
prostitución- y se casa con otra, comete adulterio". Los discípulos le
replicaron: "Si ésa es la situación del hombre con la mujer, no trae
cuenta casarse". Pero él les dijo: "No todos pueden con eso, sólo los
que han recibido ese don. Hay eunucos que salieron así del vientre de su madre,
a otros los hicieron los hombres, y hay quienes se hacen eunucos por el Reino
de los cielos. El que pueda con esto, que lo haga".
3.
Reflexiono y rezo. Respondo.
¿Qué me quieres decir,
Señor? ¿Cómo puedo hacer realidad este evangelio en mi vida?
En esta sociedad del usar y tirar, la fidelidad no está de moda, cuesta creer en el amor eterno, en el matrimonio “hasta que la muerte nos separe”, parece imposible consagrarse por entero al sacerdocio o tomar el camino de la vida religiosa por el Reino de los cielos.
La
fidelidad es importante en las relaciones con los amigos, con la familia, con
los compañeros de trabajo... La fidelidad se aprende ejercitándola en los pequeños
compromisos de cada día. Quien no lucha por ser fiel en lo poco, no lo será en
lo mucho.
La fidelidad es un don, un don que tenemos que agradecer
y pedir para los matrimonios y para los sacerdotes, especialmente para aquellas
personas que tienen dificultades para ser fieles a su vocación.
4. Termino la oración
Doy gracias a Dios por su compañía, por sus
enseñanzas, por su fuerza...
Le pido que me ayude a vivir de acuerdo con el Evangelio
Me despido rezando el Padre Nuestro u otra oración espontánea o ya hecha.