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Semana Santa

 

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JUEVES SANTO: HORA SANTA

 

CANTO INICIAL.

Junto a ti al caer de la tarde y cansados de nuestra labor, te ofrecemos con todos los hombres, el trabajo, el descanso, el amor.

Con la noche las sombras nos cercan y regresa la alondra a su hogar; nuestro hogar son tus manos, ¡oh Padre! Y tu amor nuestro nido será.

 

ESTACION MENOR.

Alabado sea el augusto, sacramento del altar y por siglos infinitos ensalzada sea su deidad.  (Comienzo y final)

ORACIÓN. (Todos)

Señor Jesús, queremos velar contigo, queremos estar junto a .  Quizá no se nos ocurran muchas cosas, pero queremos estar, queremos sentir tu amor, como cuando nos acercamos a una hoguera, queremos amarte, queremos aprender a amar.  Lo importante es estar abiertos a tu presencia.  Y agradecer, alabar, suplicar.  Y callar, escuchar, no decir nada, simplemente estar.

Acógenos como discípulos que quieren escuchar tus palabras, aprender de ti, seguirte siempre.  Acógenos como amigos.  Y haz de nosotros también tus testigos, testigos del amor.

Señor Jesús, toca esta noche nuestro corazón, danos tu gracia, sálvanos, llénanos de la vida que sólo tú puedes dar.

EL MANDAMIENTO DEL AMOR (Lector)

AMAR COMO JESÚS NOS AMA.

«Éste es mi mandamiento: amaos unos a otros como yo os he amado.  Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos.  Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que os mando.  Ya no os llamo siervos, pues el siervo no sabe qué hace su señor; yo os he llamado amigos porque os he dado a conocer todas las cosas que he oído a mi Padre.  No me elegisteis vosotros a mí, sino yo a vosotros; y os designé para que vayáis y deis fruto  y vuestro fruto permanezca, a fin de que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda.  Esto os mando: amaos unos a otros». Juan 15, 10-16.

 

CON UN AMOR QUE SIRVE (Lector)

«Estando de nuevo a la mesa les dijo: ¿Entendéis lo que os he hecho? Vosotros me llamáis el maestro y el señor; y decís bien, porque lo soy.  Pues si yo, el señor y el maestro, os he lavado los pies, también vosotros os los debéis lavar unos a otros.  Yo os he dado ejemplo, para que hagáis vosotros lo mismo que he hecho yo».  Juan 13, 13-17

 

ORACIÓN EN SILENCIO.

Canto:

Un mandamiento nuevo nos dio el Señor, que nos amáramos todos, como Él nos amó. Que nos amáramos todos, como Él nos amó.

 

Lo que hacemos al hermano, a Dios mismo se lo hacemos.

 

El que no ama a sus hermanos, no se acerque a este convite.

 

La señal de los cristianos, es amarse como hermanos.

 

HACED ESTO EN MEMORIA MÍA.(Lector)

Luego tomó pan, dio gracias, lo partió y se lo dio, diciendo: «Esto es mi cuerpo, que es entregado por vosotros; haced esto en memoria mía».  Y de la misma manera el cáliz, después de la cena, diciendo: «Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre, que es derramada por vosotros».   Lucas 22, 14-20.

 

ORACIÓN EN SILENCIO.  

Canto:

No podemos caminar con hambre bajo el sol.  Danos siempre el mismo pan: tu cuerpo y sangre, Señor.

 

Comamos todos de este pan, el pan de la unidad.  En un cuerpo nos unió el Señor por medio del amor.

 

Señor, yo tengo sed de ti, sediento estoy de Dios, pero pronto llegaré a ver el rostro del Señor.

 

MEDITACIÓN. (Lector)

Un día, el Amor llegó tan lejos que se entregó a sí mismo hasta morir derramando su sangre en un madero.  Cada día, el Amor llega tan lejos que se entrega a sí mismo para saciar nuestra hambre de amor en el pan compartido en una Cena.

 

Sacramento de un Dios encarnado que no ha venido más que a amar y a servir; memorial de un Dios que se dejó despojar para abrir en el fondo de nuestro atolladero una brecha nueva, pero tan estrecha que sólo el pobre puede pasar por ella, y sólo el amor descentrado de sí puede atravesar.

 

Sacramento de una muerte única que recapitula todo don de sí liberador; memorial de un sacrificio único en el que muere la muerte de un mundo pecador.

 

Sacramento del triunfo definitivo del amor, en el que el hombre se salva entregándose; memorial del triunfo definitivo de la vida, en el que el hombre se hace inmortal amando.

 

Canto:

Cristo te necesita para amar, para amar.  Cristo te necesita para amar. (Bis)

 

No te importen las razas ni el color de la piel, ama a todos como hermanos y haz el bien. (Bis)

 

Al que sufre y al triste, dale amor, dale amor; al humilde y al pobre, dale amor.  Al que vive a tu lado, dale amor, dale amor; al que viene de lejos, dale amor.

 

 

ORACIÓN Y MEDITACIÓN

(Lector)

 

Lo más importante no es...

* Que yo te busque, sino que tú me buscas en todos los caminos.

*Que yo te llame por tu nombre, sino que tú tienes el mío tatuado en la palma de tus manos.

* Que yo te grite cuando no tengo ni palabra, sino que tú gimes en mí con tu grito.

* Que yo tenga proyectos para ti, sino que tú me invitas a caminar contigo hacia el futuro.

* Que yo te comprenda, sino que tú me comprendes en mi último secreto.

* Que yo hable de ti con sabiduría, sino que tú vives en mí y te expresas a tu manera.

* Que yo te guarde en mi caja de seguridad, sino que yo soy una esponja en el fondo de tu océano.

* Que yo te ame con todo mi corazón y todas mis fuerzas, sino que tú me amas con todo tu corazón y todas tus fuerzas.

* Que yo trate de animarme, de planificar, sino que tu fuego arda dentro de mis huesos.

* Porque ¿cómo podría yo buscarte, llamarte, amarte... Si tú no me buscas, llamas y amas primero?

El silencio agradecido es mi última palabra y mi mejor manera de encontrarte.

 

ACCIÓN DE GRACIAS (Todos)

- Gracias Señor, por tu muerte y resurrección que nos salva.

- Gracias Señor, por haber instituido la Eucaristía que nos alimenta.

- Gracias Señor, por este tiempo que nos has concedido para adorarte y venerarte.

- Gracias Señor, por todos los beneficios que nos concedes.

- Gracias Señor, por esta hora de comunión contigo.

- Gracias Señor, por tus palabras que reconfortan y sanan.

- Gracias Señor, por tu cruz que tanto enseña.

- Gracias Señor, por tu sangre que a tantos salva.

- Gracias Señor, por tu amor sin tregua y sin fronteras.

- Gracias Señor, por la Madre que al pie del madero nos dejas.

- Gracias Señor, por olvidar nuestras traiciones e incoherencias.

- Gracias Señor, por perdonar el sueño que nos aleja del estar en vela.

- Gracias Señor, por ese pan partido en la mesa de la última cena.

- Gracias Señor, porque aún siendo Dios, te arrodillas y a servir nos enseñas.

- Gracias Señor, por tu sacerdocio que es generosidad, ofrenda y entrega.

- Gracias Señor, por tu amor sin límites y en la cruz hecho locura.

- Gracias Señor.

 

Canto:

Gracias, quiero darte por amarme.  Gracias quiero darte yo a ti Señor.  Hoy soy feliz porque te conocí.  Gracias por amarme a mí también.

 

Yo quiero ser, Señor amado, como el barro en manos del alfarero.  Toma mi vida, hazla de nuevo,  yo quiero ser: un vaso nuevo.  Toma mi vida, hazla de nuevo, yo quiero ser: un vaso nuevo.

 

Te conocí y te amé.  Te pedí perdón y me escuchaste.  Si te ofendí, perdóname Señor, pues te amo y nunca te olvidaré.

 

PADRE NUESTRO

 

ORACIÓN FINAL (Sacerdote)

Solo os pido que os améis; no hacen falta otras leyes ni otros ritos; que os améis unos a otros, que multipliquéis los encuentros, las ternuras, los abrazos y los besos; solo quiero que os beséis, y que pongáis en común lo que tenéis, lo que sois; que dialoguéis, os entendáis.  Solo quiero que os queráis.

 

Quiero amigos míos, que os sirváis, que os lavéis los pies unos a otros, que os acompañéis y os ayudéis a caminar; que os curéis mutuamente las heridas; que os perdonéis y que no dejéis a nadie solo. Daos el tiempo que haga falta.  Regalaos mutuamente algún detalle, cosas, gestos, como signo de amistad y de presencia, como yo hice con vosotros; que lleve vuestra marca y vuestro espíritu; regalaos en todo a vosotros mismos, como un pequeño sacramento.  El amor es siempre gracia y presencia.  Ya solo vale el amor.  Pero como una condición, una pequeña circunstancia que debéis tener en cuenta: que vuestro amor sea como el mío, que os sirváis y que os améis, como yo lo hice con vosotros.  Y nada más.

 

 

 

HORA SANTA 2004:

Canto:

Cantemos al amor de los amores, cantemos al Señor, Dios está aquí, venid adoradores adoremos, a Cristo redentor.   Gloria a Cristo Jesús, cielos y tierra, bendecid al Señor.  Honor y gloria a , Rey de la gloria, amor por siempre a , Dios del amor.

 

 

 

CANTO INICIAL.-

No adoréis a nadie, a nadie, más que a Él. No adoréis a nadie, a nadie, más que a Él.    No adoréis a nadie, a nadie más.  No adoréis a nadie, a nadie más. No adoréis a nadie, a nadie más que a Él.

 

ESTACION MENOR.

Alabado sea el augusto, sacramento del altar y por siglos infinitos ensalzada sea su deidad.  (Comienzo y final)

 

INTRODUCCIÓN.  (Monitor)

 

Presidente:                                                      Todos:

- En tu noche triste.                                          - No queremos dejarte solo.

- Cuando sientes miedo.                                   - No queremos dejarte solo.

- Cuando sientes tristeza.                                 - No queremos dejarte solo.

- Cuando buscas compañía.                              - No queremos dejarte solo.

- Cuando Dios «no te escucha».                        - No queremos dejarte solo.

- Cuando entras en agonía.                                - No queremos dejarte solo.

- Cuando sudas sangre.                                    - No queremos dejarte solo.

- Cuando estás redimiendo el mundo.                 - No queremos dejarte solo.

 

Todos:              Queremos ser para ti esta noche ángeles de consuelo.

                        Queremos orar una hora contigo.

                        Queremos sentirnos redimidos por ti.

                        Queremos agradecerte tanto amor.

 

Canto:

Quédate junto a nosotros que la tarde está cayendo, pues sin ti a nuestro lado nada hay justo, nada hay bueno.

 

Caminamos solos por nuestro camino, cuando vemos a la vera un peregrino, nuestros ojos, ciegos de tanto penar, se nos llenan de vida, se nos llenan de paz.

 

Buen amigo, quédate a nuestro lado, pues el día, ya sin luces se ha quedado; con nosotros quédate para cenar y comparte mi mesa y comparte mi pan.

 

1.- LA VID Y LOS SARMIENTOS.

(Monición)       (Lectura Jn 15, 5-17)

 

1.1 - Meditación.

- Permanecer.  Es el verbo que más se repite.  Si el sarmiento no permanece en la vid, se seca; pero si permanece, da mucho fruto.  Es la primera exigencia.  Pero nos cuesta permanecer.  Nos cansamos enseguida.  Nos olvidamos fácilmente.  Estamos un ratito con el Señor, y enseguida a nuestras cosas.  La permanencia, la perseverancia, la fidelidad no son virtudes de nuestro tiempo.

 

- Intimidad.  Es lo que exige la comunión.  Conocer a Cristo es llenarse de Cristo, vivir en Cristo, vivir de y por Cristo.  «El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él...  El que me coma vivirá por mí».  Una entera compenetración.

 

- Dar fruto.  Es la razón de ser de los sarmientos.  Hemos de presentar frutos sabrosos de amor, de justicia, de paz.

Y sentimos la necesidad de la poda, aunque sea dolorosa, para llevar más frutos.

 

(Lo meditamos en silencio)

 

Canto:

Como brotes de olivo, en torno a tu mesa, Señor, así son los hijos de la Iglesia.

 

El que teme al Señor será feliz, feliz el que sigue su ruta.

 

Como brotes de un olivo, reunirás los hijos en torno a tu mesa.

 

El Señor bendecirá al hombre fiel con esta abundancia de bienes.

 

1.2 -  Meditación.

- El mandamiento del amor. Vamos a dejarnos interpelar por esta palabra.  El amor es realmente nuestra savia, la que nos permite dar fruto.  ¿Amamos como Jesús?

 

* Hizo del amor un servicio. Y se puso a lavarles los pies, para que entendieran mejor.

 

* Hizo del amor un sacrificio.  Y partió el pan para significarlo: se deja partir, se deja comer.  Y ofreció la copa rebosante de su sangre derramada.

 

* Hizo del amor un abrazo y comunión. El perdón regalado, la amistad ofrecida, la fraternidad universalizada, la común-unión conseguida o meta a conseguir.

 

(Lo meditamos en silencio)  

 

Canto:

Como el Padre me amó, yo os he amado. Permaneced en mi amor. Permaneced en mi amor.

 

Si guardáis mis palabras y como hermanos os amáis, compartiréis con alegría, el don de la fraternidad.  Si os ponéis en camino, sirviendo siempre a la verdad, frutos daréis en abundancia, mi amor se manifestará.

 

No veréis amor tan grande, como aquél que yo os mostré.  Yo doy la vida por vosotros, amad como yo os amé. Si hacéis lo que yo os mando y os queréis de corazón, compartiréis mi pleno gozo, de amar como Él me amó.

 

ORAMOS.  (Presidente) Como yo os he amado.  Queremos sentir esta noche la fuerza de su amor, y su amistad y su ternura.

Queremos pedir a Jesús que nos enseñe a amar como él y que nos capacite para amar como él.

 

A cada invocación responderemos:

«Haz mi corazón como el tuyo»

 

* Para que pueda amar a mis hermanos.

* Para que pueda amar a los pobres.

* Para que pueda amar a los que nadie quiere.

* Para que pueda amar a los que no me quieren.

* Para que pueda amar a mis enemigos.

* Para que pueda amar a los pecadores.

* Para que pueda amar a todos los hombres.

* Y para que pueda amar como tú los amas.

 

Canto:

Si me falta el amor, no me sirve de nada.  Si me falta el amor, nada soy. (Bis)

 

Aunque todos mis bienes dejase a los pobres y mi cuerpo en el fuego quisiera inmolar, todo aquello sería una inútil hazaña si me falta el amor.

 

Aunque yo desvelase los grandes misterios y mi fe las montañas pudiera mover, no tendría valor, ni me sirve de nada, si me falta el amor.

 

2.- LA NOCHE DE LA AGONÍA.

(Lectura Lc 22, 39-51)

 

2 - Meditación.

* El Dios de Jesucristo no es impasible.  No sería Dios si no pudiera «padecer», a su manera, porque la Pasión tiene mucho que ver con el amor.  Y Dios es amor.

 

* Jesús padeció en esta noche angustiosa de muerte: tristeza, miedo, repugnancia, soledad, dudas, crisis total.  Llega a una verdadera agonía, dramática, que se materializa en el sudor sanguíneo.  Es el misterio de la noche, de la debilidad, de la tentación.  No podemos llegar a comprender.

 

* Jesús sufre de nuevo la tentación. El diablo no se dio por vencido en el desierto y vuelve a la carga.  Ahora no le tienta por el halago y la gloria, sino por el miedo, el asco, el sinsentido.

* Jesús apela a la oración. «Padre, si es posible...»  Padre... Padre... Padre...  Pero el Padre parece que no escucha.  Tres largos espacios repitiendo la misma palabra, la misma oración.  Es el único asidero de Jesús, porque los discípulos fallaban.

 

* Jesús está redimiendo la pasión del alma.  Todo ese mar inmenso de la tristeza, la depresión, el miedo, el vacío, la duda, la tentación.  Es el momento más duro de la Pasión de Cristo.  Fue como un infierno.  En verdad que descendió a los infiernos.

 

* Es la respuesta de Dios al sufrimiento.  No lo elimina, sino que lo asume, y así lo redime.  Vence al sufrimiento, sufriéndolo Él.  Así lo convierte en fuente de gracia.

 

* Al fin llegó el ángel del consuelo.  Fue un poco de luz en la noche.  También Dios necesita ser ayudado y confortado.  Gracias, Señor, por aceptar nuestra ayuda.  Todos podemos ser ángeles del consuelo.  Y todos necesitamos algún ángel del consuelo.

 

* Y el demonio fue vencido también en esta partida: 2-0.  Volvería a la carga de nuevo en la cruz: 3-0.  Sólo que el demonio no se da nunca por vencido.  Sigue jugando sus partidas con los seguidores de Jesús.

 

Canto:

Cristo nos da la libertad, Cristo nos da la salvación, Cristo nos da la esperanza, Cristo nos da el amor.

 

Cuando luche por la paz y la verdad, la encontraré; cuando cargue con la cruz de los demás, me salvaré. Dame, Señor, tu palabra; oye, Señor, mi oración.

 

Cuando sepa perdonar de corazón, tendré perdón; cuando siga los caminos del amor, veré al Señor.  Dame, Señor, tu palabra; oye, Señor, mi oración.

 

Cuando siembre la alegría y la amistad, vendrá el Amor; cuando viva en comunión con los demás, seré de Dios.  Dame, Señor, tu palabra; oye, Señor, mi oración.

 

3.- ORACIÓN POR LOS QUE SUFREN.

Presidente: Presentamos al Cristo de Getsemaní a cuantos están marcados por el dolor y la pena, por la oscuridad y el abandono, por el sufrimiento del cuerpo y del alma.

 

* Por los enfermos crónicos, terminales, agonizantes.  Que no les falte el ángel del consuelo.

Cantamos: Señor escúchanos, Señor óyenos.

 

* Por los que viven sin luz, sin sentido, sin ganas.  Que no les falte el ángel de la esperanza.

 

* Por los que apenas pueden sobrevivir a causa de la pobreza.  Que no les falte el ángel de la solidaridad.

 

* Por cuantos se encuentran socialmente excluidos.  Que no les falte el ángel de la caridad.

 

* Por cuantos están oprimidos y esclavizados (mujeres maltratadas, niños sin hogar, prostituidos, presos políticos, inmigrantes sin papeles...).  Que no les falte el ángel de la liberación.

 

* Por todos los que de una manera y otra viven en un infierno.  Que no les falte el ángel de la redención.

 

- Rezamos muy unidos la oración de la fraternidad: Padre nuestro.

 

- Rezamos también a María, madre de los desamparados: Salve.

 

Canto: Cantemos al amor de los amores, cantemos al Señor, Dios está aquí, venid adoradores adoremos, a Cristo redentor.   Gloria a Cristo Jesús, cielos y tierra, bendecid al Señor.  Honor y gloria a , Rey de la gloria, amor por siempre a , Dios del amor.