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de la parroquia de San Lorenzo, Huesca

 

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SEMANA SANTA EN HUESCA 2006

Archicofradía de la Vera Cruz

cofradía de

 EXTRAÑO VIA CRUCIS

 

 

Me ocurrió en la primera visita que hice a Tierra Santa. Tras habernos asomado a tantos lugares que guardaban en sí las pisadas santas del Señor, de la Virgen y de los primeros discípulos cristianos, hubo un día en el que quisimos recorrer la llamada "vía dolorosa".

Estábamos en pleno día, hacia las 11 de la mañana. En el lugar de la cita nos fuimos reuniendo todos los peregrinos con la conmoción propia de quien sabe qué calle era aquella que íbamos a empezar a recorrer, y quién la recorrió hace dos mil años cargando una cruz totalmente ajena, como consecuencia de unos pecados más ajenos aún.

Reconozco que todos estábamos conmovidos. Hasta que llegaron unos chavales que traían como el que trae un puñado de paraguas al caer las primeras gotas, cruces de varios tamaños, manoseadas por una frivolidad turística que no sabe de devoción ni de respeto. Y comenzaron a ofrecernos su curioso botín, a un precio de alquiler totalmente módico: "Father, one Dolar only" (Padre, tan sólo un dolar). No daba crédito a lo que veía y oía: alquile Vd. una cruz y no se resista a hacer el Vía Crucis con semejante trofeo. Evidentemente todos lo rechazamos sin ocultar nuestra indignación rayana en el escándalo.

Después he pensado en aquella escena muchas veces también. Porque hay otro vía crucis que no tiene domicilio en Jerusalén, sino en donde cada uno habita. Y la cruz que se nos carga en los hombros no es de madera y según tamaño, sino la que nos toca abrazar. Más todavía, esa cruz más cotidiana no se alquila ni por un dólar ni por más: resulta ofensivamente gratuita.

Puede suceder que en la Vía Dolorosa de Jerusalén sea fácil y obligado rechazar una cruz burlesca de madera, una cruz con alquiler de quita y pon. Pero en el vía crucis de la vida es otra cosa, porque la cruz es propia, que tiene nombre, edad y domicilio. Es el modo con el que los cristianos queremos entender el dolor y la prueba (¡quién no tiene ambos!). Pero sucede que también esta cruz, la nuestra de cada día también la rechazamos. Por eso son días estos de nuestra Semana Santa, en los que profundizar el sentido hondo de nuestra religiosidad más intensa. Aquel primer vía crucis de la historia lo recorrió el Señor por nosotros. Y Él no cesa de recorrer cada tramo oscuro y dolido de nuestra vida, cuando una cruz nos cae encima. Jesús es nuestro mejor cireneo.

Vivamos estos días con intensidad religiosa, y penetremos en el misterio que la liturgia y las distintas manifestaciones de nuestra mejor Semana Santa nos recordará el precio de amor que Cristo pagó para que fuésemos felices. Será fructífera esta Semana Santa si nuestro corazón se vuelve más a Dios y se abre a la necesidad externa o interna de nuestros hermanos.                       

 

+ Jesús Sanz Montes, ofm

Obispo de Huesca