Como Familia Cruz Blanca nos alegramos junto con toda la Iglesia por la elección del Cardenal Robert Prevost como nuevo Papa, que toma el nombre de Papa León XIV.
Nos adherimos al comunicado de CONFER: Nos unimos en oración a toda la Iglesia universal, reconociendo el paso del Espíritu Santo en este momento de gracia que nos llena de confianza y renovación.
Recordando las palabras de Jesús: "Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo" (Mateo 28:20), como consagrados y consagradas renovamos nuestro compromiso de ser presencia viva del Evangelio, llevando el amor de Cristo a cada rincón de nuestra sociedad.
Oramos para que el nuevo Papa, elegido para pastorear al Pueblo de Dios, sea un faro de luz y guía en tiempos de cambio, para que, siguiendo el ejemplo del Apóstol Pedro, sea pastor cercano a todos, especialmente a los más vulnerables y necesitados y fiel a la misión de construir un mundo más justo y fraterno.
Perfil del papa León XIV
“¡La paz sea con todos vosotros! Queridos hermanos y hermanas, con este primer saludo de Cristo resucitado, yo también quiero que este saludo de paz entre en vuestros corazones, en vuestras familias, ¡a todos vosotros! ¡Que la paz sea con vosotros!”.
Estas han sido sus primeras palabras como papa León XIV, quien ha explicado que “esta es la paz de Cristo resucitado, una paz desarmada y desarmante, humilde y perseverante. Proviene de Dios, que ama a todos incondicionalmente”.
Las palabras del Papa han sido toda una declaración de intenciones. La paz, la justicia con los que sufren y, sobre todo, ha subrayado algo que era una de las principales preguntas en estas semanas: bajo su pontificado, la sinodalidad sigue adelante.
Asimismo, el nuevo papa ha tenido unas palabras de recuerdo al papa Francisco: “El papa que bendecía a Roma, dio su bendición al mundo, al mundo entero, aquella mañana de Pascua. Quiero continuar con su bendición. Dios os quiere a todos, Dios os ama a todos.
El mal no prevalecerá, estamos todos en manos de Dios. De la mano de Dios, vamos hacia delante”. “Ayudanos a construir puentes para ser un único pueblo siempre en paz. Gracias, papa Francisco”, ha continuado, subrayando su sueño para la Iglesia: “Una Iglesia misionera, siempre abierta a todos los que necesitan nuestra caridad, nuestra presencia”.
Y es que el nuevo papa quiere “una Iglesia sinodal, una Iglesia que busca siempre la paz, que busca estar junto a aquellos que sufren”. “Permitidme rezar siempre junto a vosotros. Pidamos por esta nueva misión y por la paz en el mundo”, ha añadido. Finalmente, ha dedicado unas palabras, “un saludo, a todos aquellos, en particular, a mi querida diócesis de Chiclayo en el Perú. Una diócesis “de un pueblo fiel que ha acompañado a su obispo”.
Un papa agustino
Nacido en Chicago, pero con alma profundamente latinoamericana, este agustino de 69 años ha emergido como uno de los nombres clave en el tablero sucesorio del Vaticano. De hablar pausado, mirada afable y convicciones firmes, es de esos líderes que prefieren construir desde dentro antes que buscar los focos.
El Cardenal Prevost es un hombre muy discreto. Rara vez concede entrevistas y evita a toda costa el protagonismo mediático. Sus hermanos agustinos lo definen como sereno, templado. Sin embargo, desde que el papa Francisco lo nombró prefecto del Dicasterio para los Obispos en 2023 —el organismo que elige y nombra a los nuevos obispos de todo el mundo—, Prevost se ha convertido en una figura de peso dentro del núcleo de decisiones más delicadas del Vaticano. Y no es casualidad. Francisco no solo le puso al frente de uno de los departamentos más estratégicos de la Curia; también le hizo cardenal en tiempo récord y se aseguró de integrarle como miembro de Doctrina de la Fe.
Misionero en Perú
Pero su historia no comienza en Roma. En la década de los 80, Prevost fue enviado como misionero agustino al norte de Perú, a la diócesis de Chulucanas. Allí vivió más de una década, entre pobreza y fe viva. Es en ese contexto de misión donde forjó su visión de Iglesia. Después, fue superior general de los agustinos durante dos mandatos (2001–2013), y luego volvió a Perú como obispo de Chiclayo. Allí mantuvo ese mismo estilo: pastor sencillo, cercano, con oído fino para detectar líderes locales y formar nuevas vocaciones. Cuando Francisco lo llamó a Roma, ya tenía claro que no quería simplemente un gestor. Quería estar más allá de los despachos.
Su designación como prefecto de Obispos fue interpretada por muchos como una clara señal del Papa: la reforma no solo debía continuar, sino enraizarse en los nuevos liderazgos.
(Fuente: Vida Nueva Digital)
