CUARESMA 2026

El equipo de Pastoral  propone profundizar y celebrar esta Cuaresma en torno al lema: APRENDER A ESCUCHAR.

Escuchar para cuidar, escuchar para vivir.

En Cruz Blanca vivimos distintas personas juntas.

Compartimos casa, trabajo, cansancios, alegrías y silencios.

Por eso, esta Cuaresma queremos volver a algo muy sencillo y muy importante: aprender a escuchar.  Escuchar no es solo oír. Escuchar es pararse, mirar, acoger. Escuchar es una forma de cuidar.

Durante la Cuaresma, el camino no va de hacer cosas complicadas, sino de afinar el corazón. De aprender a escucharnos mejor por dentro, entre nosotros y nosotras y también a Dios, que también habla en lo cotidiano.

Por eso, esta cuaresma proponemos un camino de cuatro pasos, cuatro gestos de escucha que se parecen mucho a la vida diaria en nuestras casas y centros: 

ESCUCHAR / ME “Cuando me escucho, empiezo a cuidarme.” Conectar con lo que siento, con cómo estoy hoy

ESCUCHAR / TE “Cuando te escucho, te hago un lugar en mi corazón.” Mirar al otro, aunque tenga prisa o esté cansado

ESCUCHAR / NOS “Cuando nos escuchamos, hacemos familia.” Lo que nos une, lo que compartimos, lo que nos sostiene

ESCUCHAR / LE “Cuando escucho en silencio, Dios también habla.” (Sin forzar, sin imponer, desde la experiencia)

Esta Cuaresma no queremos añadir peso, sino regalar espacios. Espacios donde el corazón pueda parar. Donde la escucha se convierta en cuidado. Y donde, sin darnos cuenta, Dios se haga presente en lo humano.

Os adjuntamos documento con el mensaje cuaresmal del Papa León XIV 2026, que también habla de la escucha:

Escuchar

Este año me gustaría llamar la atención, en primer lugar, sobre la importancia de dar espacio a la Palabra a través de la escucha, ya que la disposición a escuchar es el primer signo con el que se manifiesta el deseo de entrar en relación con el otro.

Dios mismo, al revelarse a Moisés desde la zarza ardiente, muestra que la escucha es un rasgo distintivo de su ser: «Yo he visto la opresión de mi pueblo, que está en Egipto, y he oído los gritos de dolor» (Ex 3,7). La escucha del clamor de los oprimidos es el comienzo de una historia de liberación, en la que el Señor involucra también a Moisés, enviándolo a abrir un camino de salvación para sus hijos reducidos a la esclavitud.

Es un Dios que nos atrae, que hoy también nos conmueve con los pensamientos que hacen vibrar su corazón. Por eso, la escucha de la Palabra en la liturgia nos educa para una escucha más verdadera de la realidad.

Entre las muchas voces que atraviesan nuestra vida personal y social, las Sagradas Escrituras nos hacen capaces de reconocer la voz que clama desde el sufrimiento y la injusticia, para que no quede sin respuesta. Entrar en esta disposición interior de receptividad significa dejarnos instruir hoy por Dios para escuchar como Él, hasta reconocer que «la condición de los pobres representa un grito que, en la historia de la humanidad, interpela constantemente nuestra vida, nuestras sociedades, los sistemas políticos y económicos, y especialmente a la Iglesia».

 

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