Queridas hermanas y hermanos
Después de haber celebrado con intensidad el tiempo litúrgico del Adviento, nos disponemos a conmemorar el nacimiento del Hijo de Dios en Belén de Judá. El misterio de la Navidad integra la condición humana y, especialmente, su fragilidad y pobreza. La Encarnación de Dios nos envuelve y abraza en nuestra humanidad. Su nacimiento, tan humilde y al mismo tiempo cercano y profundo, nos invade por dentro. La mente y el corazón quedan prendidos por el Amor de un Dios que se abaja para mirarnos y querernos desde nuestra propia realidad: «La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros» (Jn 1, 14). Una experiencia de fe que nos bendice sobremanera.
En esta Navidad proponemos una breve reflexión orante, a modo de felicitación, sobre esta confesión de fe y sus implicaciones en la orientación de nuestras vidas, todas ellas al amparo de los diversos carismas de vida religiosa que hemos profesado. Nuestros carismas, nos ayudan a vivir en propia carne el misterio navideño que nos envuelve. Si Dios se hizo carne y acampó entre nosotros nos está dando a entender que no somos ajenos a su bondad. Nuestro presente y futuro le importan y nuestras heridas son las suyas. La “tienda donde acampa” es nuestra casa, la vida cotidiana, las preocupaciones y zozobras. También las alegrías y esperanzas.
Reproducimos a continuación el mensaje de felicitación, que también puede ser descargado en este enlace
