Querida Familia de Cruz Blanca: Paz y Bien. En esta Navidad celebramos el verdadero milagro: 50 años de dedicación, amor y esperanza. Cincuenta años construyendo un hogar y una familia para quienes más lo necesitan.
Nuestro fundador el Hno. Isidoro escribía a los hermanos en 1993: “Encontramos en Belén a un Niño necesitado de todo, nosotros tenemos cada día entre los brazos a este Niño que ha nacido, porque Él nos dejó su fotografía más nítida y más fiable que puede haber, ya que fue hecha con el mejor flash el del AMOR. Por ello os pido que nunca os canséis de acoger a este Niño, que esta en nuestros asistidos: que le deis el pesebre de vuestro corazón, de vuestro cariño y lo envolváis en pañales de detalles y delicadezas”.
Desde el principio entendimos que una casa solo se convierte en un verdadero hogar cuando sus puertas están abiertas al mundo, especialmente a aquellos que más lo necesitan. En Cruz Blanca hemos dedicado medio siglo a extender la mano a los mas vulnerables, a escuchar a los que nadie oye y a ofrecer consuelo a los que sufren.
En cada persona a la que acogemos y acompañamos les invito a aplicar una filosofía simple pero poderosa, que hoy, en Navidad, resuena con una fuerza especial: ¿Y si fuera yo?
Esta simple frase ha sido un faro que ha guiado mi camino, me habla de humanidad compartida y me impulsa a la acción. Nos recuerda que cualquiera de nosotros podría necesitar una segunda oportunidad, un refugio, una mano amiga.
Es una invitación a ponernos en el lugar del otro, a ver el mundo a través de los ojos de quienes mas sufren y a responder con empatía y amor. Nos enseña a ver a Cristo en el rostro de cada persona necesitada.
Que la luz de estas entrañables fiestas ilumine cada vida que hemos tocado y renueve nuestro compromiso de seguir acogiendo, acompañando y transformando desde el corazón.
¡Feliz Navidad y gracias por ser parte de esta historia!
Un abrazo grandote.
Hno. Luis Miguel Martell Puyal
Superior General
Montequinto, 8 de diciembre de 2025
